Hoy me siento bien. Como los días anteriores, me he sentido suficientemente enérgica para salir de la cama. Permíteme ponerte en contexto. Durante los últimos años, supongo que asociado al estrés de tener demasiadas cosas en mi plano, ha vuelto esta difunción entre lo que mi cerebro quiere hacer, lo que no quiere y lo que mi cuerpo hace. Al final, levantarme de la cama se volvió un martirio. Es decir, no solo salir en las mañana a existir. Sino también el simple hecho de levantarme por el vaso por agua que tengo junto al televisor, el cuál solo veía y prefería morir de sed antes que moverme.
Ayer también me sentí bien. Al final del día me decidí a bajar 250 calorías, según la caminadora. Y corrí por mi vida durante 23 minutos porque es lo que dura el set programado. Casi me estampo contra una pila de je ne se quoi detrás de mí cada vez que aceleraba el paso, pero lo logré. Me levanté de mi cama y corrí (e hice brazo).
Todavía me cuesta trabajo sentirme suficientemente motivada para salir de mi habitación. A veces para abrir la lap y hacer mis cosas. Tardo tanto.
Y más cuando tengo que salir a cumplir cosas... El monstruo en mi cabeza me llena de ... bueno digámosle nubes grises y dejo que todo se junte para ese momento de salir.
Y me digo a mí misma que tengo que programar bien mis tiempos pero me da tanto berrinche empezar y tanto coraje cuando pasa el tiempo y no lo hice a tiempo.
Hoy me siento bien de que ese monstruo en mi cabeza (que tiene nombre y apellido según las definiciones psicológicas), no sea tan grande porque hoy, ya me levanto de la cama para tomar de mi vaso con agua.
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