domingo, 3 de agosto de 2025

 El amor actualmente parece más un acto de gente desquehacerada y egoísta.

Entregarse al amor se ve ya como un evento canónico que tienes que vivir de adolescente porque de adulto no hay más que trabajo y deberes varios que dejan la intimidad de la pareja en un limbo de eperanzas para alguna de las partes. Porque el amor parece cansar y hostigar a algunos que pierden su valioso tiempo si no hacen algo de provecho para sí mismos.
Entregarse a otro se ha tornado más un acto de suicidio de la individualidad que de una oportunida de construir desde un lugar diferente y más fuerte.
El amor se torna hoy lejano, se pierde la esperanza del par eterno y se amarga más aquello que parecía ya no poder hacerlo más.
El amor se volvió un evento risible y redudndante para el ocupado adulto actual, que olvidó cómo pensar en dos y sigue pensando en uno y sus agregados.

domingo, 8 de diciembre de 2024

Solo quiero saberme (y sentirme) querida, necesitada, irremplazable. 
Y sí no, ¿por qué no solo soltarlo todo y ya?

lunes, 16 de septiembre de 2024

Veneno

 Hay traumas que se quedan incrustados en la piel como pequeños aguijones que supuran eternamente su veneno. 

Un abrazo. Uno espera ser el ser más querido para la pareja, sin contar a los hijos. Y bueno, cuando eso no se demuestra en la dinámica de la pareja, se nota. Pero se nota más cuando lo demuestran a alguien más. No importa cuánto tiempo pase, y los eventos canónicos que pasaran, ese aguijón se ha quedado clavado en mí, ahí en algún lugar de mi corazón que se necrosa cada vez más, porque cada que recuerdo ese evento, la emoción de desasosiego me empapa y ese aguijón suelta su veneno una vez más. 

Y no lo puedo evitar. Se supone que ya lo superamos y pasamos esa página. No. El dolor sigue ahí inhundando mi corazón y enloqueciendo mi cabeza cada vez que puede.

Así pasa, con eso, y también con tantas cosa más. 

Y mi corazón se muere una célula a la vez.

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Presentación (por favor, lee esto primero).

 Hola, soy Ana, y me dedico a escribir.

No como escritora profesional y sólo sé que escribo en prosa.

Escribo porque lo he hecho desde los... ¿10? 

Escribo porque un día me dijeron que podría ser una buena idea y me regalaron un diario aromático con candado. Como todos los que retratamos nuestro día a día, escribía cosas triviales de la convivencia con mis pares y familia. 

Visto de lejos, parece una cosa sin importancia y que hubira hecho cualquier millenial. Pero, escribiendo y leyéndome muchos, muchos años después, me di cuenta que desde los 14 sufría ya de depresión. Que desde muchos años antes yo tenía sentimientos categorizados como negativos hacia mi madre. De lo descontenta que estaba con la vida y lo mucho que ya la sufría. 

Leí una niña, una adolescente, una adulta joven con traumas.

Y desde entonces no he parado. He tenido mis pausas por crisis existencial, como todos los escritores. Pero no me he detenido, las palabras salen de mi cerebro como si fueran ríos.

Y así escribiendo también me he observado, me he sentido orgullosa de mí incluso, por los avances que he tenido, por todo el trabajo hecho y que dio frutos. También me ha servido para reflexionar sobre las cosas en las que sigo estancada. Los patrones que repito y, a veces, encuentro el origen de ellos. 

Escribir es bellísimo.

 Considero que mi cerebro no es el más hábil para retener información. También por eso escribo, para no olvidar. Quien olvida la historia, está condenado a repetir. Y yo ya me cansé de cagarla siempre en lo mismo.

He aquí mi verdad, una que nadie conoce y que hoy lector de esta loca escritora, te presento.

Soy Ana Luna, y estas son mis memorias, mis reflexiones, mis vida.


Disclaimer. Todas las reflexiones son personales y estoy consciente de que no soy dueña de la verdad.  

domingo, 10 de diciembre de 2023

Repetir y perecer

 Esta mañana vi un video que hablaba sobre "maldiciones familiares". Asentaron el hecho de cómo repetimos patrones de nuestras familias; la abuela, la madre, la hija.

Y yo, en ese mismo estigma arrastro, entre muchas otras cosas, la falta de validación y reconocimiento. Es tan fuerte que ya no alcanzo yo misma a ver lo que sí hago bien, lo que sí vale la pena. No alcanzo a ver ya nada positivo respecto a mí persona.

En mi última relación me di cuenta que estaba repitiendo ese patrón, me junté con alguien que no valoraba mis actos (entre tantas otras cosas), así como mi persona. No tenía una frase de validación de su parte y el único tema donde lo hacía, era para mi trabajo (porque su propósito de vida era por lo menos ayudar a su pareja en turno a crecer laboralmente). 

"Algo anda mal", me dije (con voz de Ham de Toy Story). 

¡Exacto! Esos son mis papás. Elegí a alguien que no me validara en absoluto para perpetur esa sensación de "no vales lo sufientismo", porque entiendo que uno elige a lo que uno se acotumbra. 

Y, así antes que él, elegí estar con mucha gente que no me valoró, ni me validó, ni me hacía sentir especial. 

Dicen que esas cosas vienen de uno, pero es como intentar trepar por una cascada que cae con gran poder sobre ti. Personalmente ver algo bueno de mí misma es muy complicado, y más si me rodeo de gente que no solo no me valida, no me apoya, no me empuja, no me acompaña. 

¿Te acuerdas que te conté que me sentía sola?

Este es uno de los tantos motivos. Repito. Perezco.



sábado, 9 de diciembre de 2023

Sin sentido

¿ Valió la pena quedarse?

¿Valió la pena?

Decidí certificarme en algo que para mí años antes era completamente ajeno, así como decidí estudiar algo que años después de certificarme aún creía que no tenía sentido.

¿No debí solo dedicarme a trabajar en lo que fuera para solventar los gastos y limitarme a eso?

Veo con decepción que mi vida pierde sentido en cada paso que avanzo. Los sueños que abrazaba pierden su brillo cada vez que volteo a verme y observo mi falta de calidad, de conocimiento, de desempeño. Me siento una pieza barata que se oscurece mientras más pasa el tiempo. Sin sentido, sin valor, sin sueños, sin objetivos. 

Hubiera sido más fácil abortar y tener después la libertad de quitarme la vida sin deberle nada a nadie. P

Pero otra vez me aferré al sueño de algo que siempre quise y nunca tuve, a un ideal que se asento en tierras pútridas y sin vida, donde nada bueno crecrió, incluyéndome.

La vida me pasa encima y yo, no muy en lo profundo de mi ser sinceramente, deseo que se acabe mi sufrimiento.

No puedo vivir sabiendo que no soy de utilidad, y tampoco sabiendo que no he logrado nada que me acerque a eventos que me den sentido, propósito o felicidad. 

Cada día el eco de una pregunta se hace más fuerte, más cercano, más contundente:

¿Para qué seguir?


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 En este azar llamado vida, a mí no me tocó encontrarme con alguien que estuviera dispuesto a crecer conmigo en una relación amorosa.

Siempre he empujado en mis relaciones para que avancen, nunca nadie me ha tomado de la mano y me ha dicho, sí podemos, y lo ha hecho. Siempre se han quedado las palabras vacías en cuentos baratos que terminan en el reino de lo olvidado. Y al final, siempre sola, acompañada o no.

En el azar de mi vida, solo me han tocado sujetos sin ganas de crecer. Pero yo estoy en las mismas en algunas cosas, pero también estoy dispuesta y cansada, muy cansada. Quiero que me tomen de la mano y me lleven a esos lugares hermosos, con los que solo sueño despierta.