Hay traumas que se quedan incrustados en la piel como pequeños aguijones que supuran eternamente su veneno.
Un abrazo. Uno espera ser el ser más querido para la pareja, sin contar a los hijos. Y bueno, cuando eso no se demuestra en la dinámica de la pareja, se nota. Pero se nota más cuando lo demuestran a alguien más. No importa cuánto tiempo pase, y los eventos canónicos que pasaran, ese aguijón se ha quedado clavado en mí, ahí en algún lugar de mi corazón que se necrosa cada vez más, porque cada que recuerdo ese evento, la emoción de desasosiego me empapa y ese aguijón suelta su veneno una vez más.
Y no lo puedo evitar. Se supone que ya lo superamos y pasamos esa página. No. El dolor sigue ahí inhundando mi corazón y enloqueciendo mi cabeza cada vez que puede.
Así pasa, con eso, y también con tantas cosa más.
Y mi corazón se muere una célula a la vez.
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